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País: Chile
Fecha: 2011-07-02
Medio: La Tercera
Sección: Opinión
Página(s): 70
Centimetraje: 16.0 x 16.0 cms
Diplomáticos: se acaba la paciencia
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por Francisco Devia, presidente de Adica
DURANTE LOS últimos años, la opinión pública ha presenciado un particular desfile de iniciativas de modernización de la Cancillería. Seguramente, dada la reserva que caracteriza al trabajo diplomático, pocos han reparado en que todos esos proyectos han terminado por hundirse en el fracaso y diluirse en el olvido, transformándose en un rito reiterado e inconducente. Así, la Cancillería, lejos de transformarse en un actor capaz de intervenir en forma decisiva en la ejecución de la política exterior, se ha mantenido presa de un pesado letargo.

Con justificada razón, la opinión pública podría preguntarse acerca de los alcances y consecuencias que puede tener una institución que no logra avanzar más allá del planteamiento de lo que se ha transformado en su contradicción vital: ser o no moderna.

Los diplomáticos de carrera, en forma individual o a través de nuestra asociación, hemos apoyado y participado permanentemente en las iniciativas que han buscado una genuina modernización del Ministerio de Relaciones Exteriores. No obstante, la valoración positiva de tales esfuerzos no nos inhibe de hacer presente que situaciones como la demora de 15 meses en nominar a un Director General Administrativo y el demasiado lento calendario de la Comisión de Modernización, sumados al previsible ritmo de la política interna, han implicado un retraso evitable en este nuevo intento de modernización. Dado que la sensación de deja vu resulta obvia, la Asociación de Diplomáticos de Carrera (Adica), desafiando la tradición hermética que no se condice con las necesidades de una opinión pública informada, desea exponer un conjunto de situaciones adicionales que consideramos debe ser divulgadas.

Valoramos iniciativas como la decisión de limitar el número de embajadores políticos al 20%, evaluar su trabajo e impulsar mecanismos de calificaciones objetivas para el resto de los funcionarios.
Consideramos necesario definir criterios objetivos y homologables a la Alta Dirección Pública para la designación de embajadores en un estatuto particular y avanzar en el fortalecimiento de nuestra institucionalidad.
Debe ser revisada la exigua asignación presupuestaria anual para capacitación con que cuenta la Cancillería, 60 millones de pesos, cifra que resulta insuficiente para los requerimientos en materia de recursos humanos.
Es impostergable terminar con la particularidad de no contar con una edad de jubilación para los funcionarios diplomáticos.

Debe ponerse fin a todas las formas de discriminación que aún afectan a las mujeres en nuestra administración pública, situación que incluye a las diplomáticas al servicio del país.

Es por ello que, dada nuestra condición de miembros de Anef, hemos adoptado la decisión, sin precedentes, de poner al servicio de todos los empleados fiscales nuestra propia dirigencia a través de una participación democrática, con el objetivo de fortalecer la administración pública nacional que necesariamente debe avanzar en un proceso de modernización conjunto y armónico acorde a las necesidades del mundo actual.
 
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